“Id
por todo el mundo y proclamad la
Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15).

“El contenido de
la clase de Religión es que el ser humano aprenda que hay que dar de comer al
hambriento, que hay que vestir al desnudo, visitar al que está enfermo, que el
que esté en la cárcel no esté solo. Si eso es adoctrinamiento, que venga Dios y
lo vea’”.
Estas
palabras las ha dejado dichas el Arzobispo de Madrid, Carlos Osoro,
cuando se le ha preguntado si es que la asignatura de Religión católica se
utiliza para adoctrinar al alumnado.
Empecemos
por decir qué es eso de “adoctrinar”. Lo dice el Diccionario de la Real Academia Española.
Y es esto:
“Instruir
a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle
determinadas ideas o creencias”.
Por
otra parte, la palabra “inculcar”, en su tercera acepción, dice esto otro:
“Infundir
con ahínco en el ánimo de alguien una idea, un concepto”.
Entonces,
estamos de acuerdo en definir, así dicho, la palabra “adoctrinar” de la
siguiente manera:
“Instruir
a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, e infundir con
ahínco determinadas ideas o creencias.”
Bien.
Parece claro lo que se quiere decir o, al menos, lo que se presume que se
quiere decir cuando a alguien se le califica como “adoctrinador”.
Al
parecer, la asignatura de Religión católica no debe adoctrinar porque eso
es lo que se deduce claramente de las palabras aquí traídas y dichas por
Monseñor Osoro.
Pero
esto… ¿Ha de ser así?
Digamos,
para empezar, que en el artículo I de lo referido a los Acuerdos
Iglesia-Estado vigentes entre la que lo es católica y el Estado español,
en lo tocante a la “Enseñanza y Asuntos Culturales” se dice esto que
sigue:
“En
todo caso, la educación que se imparta en los centros docentes públicos será
respetuosa con los valores de la ética cristiana.”
Es
de suponer, por tanto, que los valores de la ética cristiana tendrán que verse
reflejados en aquello que se enseñe en los citados centros públicos y, ni
qué decir tiene, en aquellos que sean de titularidad eclesial (concertados o
privados) Y otra cosa no puede ni debe esperarse.
Algunos
han querido interpretar, de las palabras del Arzobispo de Madrid, que la
Iglesia no debe adoctrinar; es más que no se adoctrina.
Eso,
para seguir, es algo raro y extraño.
Sabemos
que adoctrinar quiere decir, en términos generales, transmitir doctrina que
viene a significar “Enseñanza que se da para instrucción de alguien”.
Todo,
pues, está bastante claro: ¿Cómo no va a enseñar la Iglesia católica en la
asignatura “Religión católica” lo que es su doctrina? Y ¿Eso es adoctrinar?:
¡Pues claro que sí!
En
realidad, sostener otra cosa es no entender, para nada, lo que ha de ser y
significar tal asignatura: ha de adoctrinar, en lo que eso significa y si,
además, se enseña a rezar, mucho mejor. Y es que el que esto escribe no ha
entendido nunca que siempre se sostenga que en Religión católica no se pueden
dar contenido de catequesis: ¿por qué eso? En tal asignatura se ha de
enseñar lo que la Iglesia católica, siempre de acuerdo con la legalidad, crea y
sepa que es su doctrina.
Y
punto.
Y
eso es un derecho de los padres pero, sobre todo, de los alumnos: que se
les enseña la doctrina católica. Y es más, deben estar más que contentos en ser
adoctrinados en esta materia y no en otras que tienden a la perversión de las
criaturas aunque eso, al parecer, está más que bien visto y es la mar de
moderno. ¡Ahí no se adoctrina sino que se enseña!
Como
diría aquel: ¡Vaya fauna!
El
caso es que esto es lo mismo que si de dijera que en la asignatura, pongamos,
de Matemáticas, se enseñan operaciones aritméticas. ¿Es que se podría esperar
otra cosa?
Pero
lo peor de esto no es lo que pretendan los poderes mundanos sino lo que, desde
ciertos círculos católicos, se dice y se hace. Eso sí que es malo porque
confunde a las ovejas y a los sencillos nos deja patidifusos. Pero del todo.
De
todas formas, la cita de arriba del evangelio de san Marcos lo
dice todo. Es una pena que haya muchos que lo la entiendan con lo fácil que es
entenderla.
Eleuterio
Fernández Guzmán