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24 de junio de 2013

¡ Siempre estamos con lo mismo !

       Sinceramente me da lástima que en nuestro bendito país, llamado España, siempre estemos pensando que la culpa de todos los males la tenga la Iglesia o los que vamos a las iglesias.

       Acaba de aprobarse una reforma educativa, que aún no ha dado tiempo, no solo de ver si será eficaz o no, sino algunos ni han leído el borrador, y tan solo porque lleva unos cambios con la asignatura de religión, sin precisar nada de la católica, y todo el jarro de agua fría termina cayéndonos a los cristianos; ... que si el único que ha salido ganando ha sido el Cardenal Rouco; ... que si hay que eliminar los acuerdos de la Santa Sede con el Estado Español, y bla, bla, bla...

        ¿Alguien ha pensado que allí aprobándola no había ningún profesor de religión, ni ningún obispo o sacerdote? ¿Por qué aquí siempre estamos igual?. ¡Qué pena que siempre estamos con lo mismo!. Parece que todos los males de este país han venido o vienen sucediendo por culpa de los valores que se puede enseñar en nuestras escuelas. Es una lástima que los que debemos de educar a las nuevas generaciones que en lugar de tratar de ayudarles en su formación, lo único que veamos en ellos sea un arma arrojadiza para echarnos en cara que en España alguna vez hubieron dos bandos..., y los pocos que quedan de entonces, ya no aprueban leyes, ni dirigen el país... 

     Si no educamos a nuestros jóvenes con valores y principios éticos y morales algún día nos adoctrinarán y precisamente en otra religión que no es tan permisiva como la religión católica, así lo vemos a nuestros polícitos cuando se postran ante los que nos imponen otros credos menos permisivos...; sin embargo las críticas de nuestro país se volcaron, haciendo correr ríos de tinta, criticando la visita de Benedicto XVI a España con la JMJ, y con los miles de jóvenes que vinieron de todo el mundo para escucharle, aplaudirle y para ver al Papa en nuestro país.

Imagen difundida por Rubalcaba a través de Twitter con la celebración en Ferraz.        Parece que algunos sienten verguenza de escuchar que a nuestro país se le llame la España Católica, y como que se les retuercen las tripas...; si fuera verdad que eliminando a los católicos de España o del mundo se solucionaran todos los males, haríamos un esfuerzo en erradicarlos, pero por favor, si la Iglesia contribuye a una sociedad más justa y más solidaria porqué hacerla blanco de tanta irrisorias críticas sin fundamento. 
 
     ¿Acaso en todos los colectivos no hay o ha habido algún o algunos miembros que desprestigian al grupo?, igual sucede en la Iglesia, pero por favor, si la gran mayoría de los cristianos ayudan y hacen que nuestra sociedad sea más humana y menos mezquina; creo que es momento de  reconocer la gran labor que hace la Iglesia Católica, no solo en nuestro país, sino en el resto del mundo y pedir que sean más las manos de los que empujan el vehículo hacia la solidaridad y el respeto por todos, cosa que no hacen todas las religiones y grupos que se están instalando en nuestro país.

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Apunta a tus hijos a Religión
      ¿A quién molestará que nuestros alumnos aprendan a pensar y a tener decisión propia?, ¿será tan difícil hacer de nuestros hijos unos jóvenes ricos en valores y virtudes humanas? ¿Acaso la moral y los principios éticos fueron inventados por el franquismo?, ya que cuando hablamos de educar en valores algunos se les despierta la vena del recuerdo y piensan que es volver al pasado. 

       Guiemos y ayudemos en la educación a nuestros jóvenes  que será mejor que dejarlos tirados en la cuneta y salgan como salgan. Ayudémosles, de verdad, en su cremiento humano, sí, en todas las asignaturas posibles, pero sin olvidar la religión, que también tienen un espíritu y deben formarse para ser hombres y mujeres de verdad, completos, sin limitaciones...
    
         No olvides apuntar a tus hijos a la clase de religión para el próximo curso escolar, no lo des por hecho, de lo contrario se perderán este rico legado de principios, valores y virtudes.

17 de noviembre de 2012

El Papa invita a los jóvenes a ser misioneros en Internet



¡Qué invitación tan hermosa ha hecho el Papa Benedicto XVI!.
Pronto un grupo de alumnos del IES la Encantá, tendrá la oportunidad de encontrarse con él en la Audiencia General del  20 de Marzo de 2013, como otras veces hemos visitado, y tendremos oportunidad de ver las personas que desde tantas partes del mundo solicitan su presencia, sus rectos consejos y su sabio mandato sobre la Iglesia Universal.
Germán Filiu Sánchez
En la Audiencia del pasado miércoles 14 de noviembre, el Papa Benedicto XVI, con una visión abierta y optimista, recordando la de los primeros cristianos, nos ha invitado a los jóvenes del mundo entero a ser los nuevos "misioneros" en el "continente digital" de Internet y a comportarse como adultos en la transmisión del Evangelio.
Su bellísimo mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro del 23 al 28 de julio del 2013 arranca con el recuerdo de la de Madrid 2011 y presenta como ejemplos a dos santos españoles: José de Anchieta, que "puso rumbo a Brasil cuando tenía menos de veinte años y se convirtió en un gran apóstol del Nuevo Mundo", y Francisco Javier, quien llevo la fe cristiana a cientos de miles de personas en Extremo Oriente.
El Papa llama a los jóvenes católicos a ser "los primeros misioneros entre los jóvenes" aprovechando las "posibilidades inauditas" que ofrecen ahora Internet y la globalización. En ese contexto, el Santo Padre les invita a aprovechar tanto los viajes como la presencia de jóvenes de otros países en la propia ciudad, explicando el mensaje de Jesucristo y proponiendo el bautismo a quien no lo haya recibido.
Benedicto XVI recuerda que "el anuncio de Jesucristo no consiste sólo en palabras sino que debe implicar toda la vida y traducirse en gestos de amor", con ayuda práctica y tangible siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano. Les recuerda también la importancia de la espiritualidad y la oración pues "para poder hablar de Dios, primero tenemos que hablar con Dios". Propone acudir con frecuencia a la confesión individual, sacramento del perdón, y a estudiar bien el YouCat para poder exponer claramente la fe.
Papa Benedicto XVI
El Papa agradece el trabajo de los misioneros y también el de "los fieles laicos que, allí donde se encuentran, en familia o en el trabajo, se esmeran en vivir su vida cotidiana como una misión".
El mensaje, contemporáneo y optimista, concluye invocando a Nuestra Señora de Aparecida y Nuestra Señora de Guadalupe, las dos principales advocaciones marianas en el Nuevo Mundo para que sea muy fructífero el camino espiritual hacia la cita del próximo verano en Rio de Janeiro, la primera JMJ de la Nueva Evangelización.
Algunos, muchos, asistimos a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, y sabemos la inyección de adrenalina, de fe y de entusiasmo que significó su visita. Vayamos, pues, calentando los motores para, si al menos no podemos asitir, no nos perdamos nada de lo mucho que se produzca en internet, Tv o prensa.
Que así sea.

18 de mayo de 2012

Competir los Santos con las estrellas del momento


Miniserie de María de Nazaret de Giacomo Campiotti.

Se ha presentado una nueva miniserie de televisión "María de Nazaret", proyectada en Italia por la principal cadena nacional de Televisión RAI 1, y la verdad que ha sido un fenómeno mediático, ya que el 1 de Abril de este año, ha tenido una audiencia de más de 7.100.000 espectadores, lo que es un 25,2% de la audiencia en ese momento, y al día siguiente, con la segunda parte ganó más de un millón doscientos mil televidentes más, un 29,5% de la audiencia.

Según fuentes Vaticanas, el miércoles 16 de mayo, fue proyectada a su Santidad Benedicto XVI en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, siendo el invitado de honor, afirmando que "No es fácil trazar la figura de una madre, porque contiene una riqueza de vida difícilmente describible y esto es más arduo si se trata de María de Nazaret, una mujer que es madre de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre".

En esta película dirigida por Giacomo Campiotti, ha tenido un reparto especial para tres mujeres: Alissa Jung es María de Nazaret, Paz Vega es María Magdalena y Antonia Liskova es Herodías. No podemos dejar de citar a Andreas Pietschmann que representa a Jesús.
El Santo Padre pudo observar cómo la trama ha sido imposta por estas tres figuras femeninas que entrecruzan sus propias vidas, realizando sus diversas y profundas elecciones: "Herodías permanece encerrada en sí misma, en su mundo, no logra levantar la mirada para leer el signo de Dios y no escapa del Mal. María Magdalena que tiene un proceso más complejo y vive la fascinación de una vida fácil, basada sobre las cosas y utiliza varios medios para alcanzar sus objetivos hasta el momento dramático en el que es juzgada y colocada en su camino y en él se encuentra con Jesús, le abre su corazón, le cambia la existencia". Y en el centro de la historia está María de Nazaret: "En ella está la riqueza de una vida que ha sido un 'aquí estoy' a Dios. Es una Madre que tendría el deseo de mantener consigo el propio hijo pero que sabe que es de Dios. Tiene una fe y un amor tan grande que acepta que Él vaya a cumplir su misión. Es un repetir: el 'heme a Dios' desde la Anunciación hasta la Cruz".
El Santo Padre comentó que esta película subraya tres experiencias, un paradigma, sobre cómo es posible impostar la vida: inicialmente el egoísmo, la cerrazón en sí mismos y sobre las cosas materiales, dejándose guiar por el mal; o sobre el sentido de la presencia de un Dios que ha venido y permanece en medio de nosotros y que nos espera con bondad si nos equivocamos y que nos pide de seguirlo, de confiarnos a Él. Puntualizó que "María de Nazaret es la mujer del 'Heme aquí' pleno y total a la voluntad divina y en este decir 'Sí' repetido también ante el dolor de la pérdida del Hijo, encuentra la beatitud plena y profunda".
Podemos afirmar que no es un hecho nuevo que las series de vidas de santos que viene emitiendo la cadena RAI, que tengan una excelente aceptación por la audiencia, como antes hicieron otras como la vida de San Agustín, la vida del Beato Juan Pablo II, de Juan Pablo I, de Pablo VI o del Beato Juan XXIII, entre otras. Muchas de ellas ya están llegando a España y están siendo emitidas por Canal 13 TV, alcanzando también unos  ranking de audiencia muy elevada.
Así ha sucedido en la retransmisión de la Jornada Mundial de la Juventud que tuvimos en España en el Agosto del 2011, que se retransmitió a todos los países del mundo y alcanzó unas cotas de audiencia impensables.

Todo esto hace pensar que en estos tiempos los jóvenes y los menos jóvenes, se encuentran necesitados de líderes, de personas en quien apoyar nuestra existencia, en quien fijar nuestra mirada para imitar en la sociedad en que nos ha tocado vivir. Necesitamos de hombres y mujeres que sus ideales los lleven a sus últimas consecuencias, por eso no hemos de extrañarnos que personajes tan "clásicos" como es María o Jesús de Nazaret, o Juan el Bautista, que dieron la vida por sus ideales, vuelvan a la palestra y sean seguidos e incluso tomados como ejemplo.

Después de tanto valores tirados a la basura y de tanta falta de moralidad en muchas de las series y películas del cine español, esperaremos con anhelo la pronta llegada de esta miniserie a las pantallas españolas.

16 de abril de 2012

¡Felicidades Santo Padre!

El lunes 16 de Abril de este año el Papa cumple 85 años y por si fuera poco, el Jueves 19 de Abril del 2012, hace siete años desde que lo eligieron Pontífice en el cónclave  tras la muerte del antecesor, nuestro querido Juan Pablo II. 

Ha dejado de ser un papa de transición, esto es, que forma parte de los 7 Papas que con más años han gobernado la Barca de Pedro.

El ranking de los 7 Papas más longevos o ancianos de la historia de la Iglesia son:

  1. Clemente XII (1730-1740): 97 años.
  2. León XIII (1878-1903): 92 años.
  3. Pío IV (1775-1799): 91 años.
  4. Celestino II (1191-1198): 91 años.
  5. Juan XXII (1316-1334): 90 años
  6. Gregorio XII (1406-1415): 89 años.
  7. Benedicto XVI, con 85. Un Papa longevo, con 7 años al frente de la barca de Pedro. Por eso podemos afirmar que ha dejado de ser un Papa de transición.
Por eso debemos rezar por él, por nuestro querido Papa Benedicto XVI en el que se cumple el séptimo aniversario de su elección, pidamos que el Señor le de fortaleza para seguir gobernando muchos años más, con sabiduría, prudencia y acierto la Santa Iglesia, pecadora en sus miembros, pero Santa en su fundador y su aspiración, y para que el Señor nos bendiga a nosotros recibiendo sus homilías, escritos y otros documentos pastorales para el buen gobierno y de la Iglesia y sus gentes.

Aquí tienes un video que resumen algo lo que han sido estos siete años al timón de la Barca de la Iglesia, zarandeada por las olas del tiempo y las ideas de los hombres. 
Pulsa sobre la foto para abrir + fotos.

También hay una página muy buena con fotos de su vida, toda una vida. Pulsa sobre la imagen del pequeño Ratzinger.

Desde hace 6 años estamos visitando el Vaticano y le vemos en una de sus audiencias papales. Este año por motivos del Viaje a Méjico y Cuba no ha podido ser, por eso, si Dios quiere, al año que viene junto a los de 4º de la ESO, esperamos poder ir a una de sus audiencias y verlo.

¡¡ No olvides elevar una oración por él !!.

Felicidades Santo Padre. ¡Que el Señor le bendiga durante muchos años más. ¡ Hasta pronto Santo Padre!.
 

2 de enero de 2012

Educar a los Jóvenes en la Justicia y la Paz

Mensaje de la XLV Jornada Mundial de la Paz

MENSAJE DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
XLV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2012

EDUCAR A LOS JÓVENES EN LA JUSTICIA Y LA PAZ


El Papa visitará Cuba del 26 al 28 de marzo y verá a Raúl Castro1. El comienzo de un Año nuevo, don de Dios a la humanidad, es una invitación a desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz.

¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones. Os invito a abrir el año 2012 con dicha actitud de confianza. Es verdad que en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día.
En esta oscuridad, sin embargo, el corazón del hombre no cesa de esperar la aurora de la que habla el salmista. Se percibe de manera especialmente viva y visible en los jóvenes, y por esa razón me dirijo a ellos teniendo en cuenta la aportación que pueden y deben ofrecer a la sociedad. Así pues, quisiera presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en una perspectiva educativa: «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz», convencido de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza.

Mi mensaje se dirige también a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. Prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz.

Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona.

Las preocupaciones manifestadas en estos últimos tiempos por muchos jóvenes en diversas regiones del mundo expresan el deseo de mirar con fundada esperanza el futuro. En la actualidad, muchos son los aspectos que les preocupan: el deseo de recibir una formación que los prepare con más profundidad a afrontar la realidad, la dificultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo, la capacidad efectiva de contribuir al mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario.

Es importante que estos fermentos, y el impulso idealista que contienen, encuentren la justa atención

en todos los sectores de la sociedad. La Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y los anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver «cosas nuevas» (Is 42,9; 48,6).

Los responsables de la educación

2. La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida. Educar –que viene de educere en latín– significa conducir fuera de sí mismos para introducirlos en la realidad, hacia una plenitud que hace crecer a la persona. Ese proceso se nutre del encuentro de dos libertades, la del adulto y la del joven. Requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad, y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo. Por eso, los testigos auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca; testigos que sepan ver más lejos que los demás, porque su vida abarca espacios más amplios. El testigo es el primero en vivir el camino que propone.

¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia? Ante todo la familia, puesto que los padres son los primeros educadores. La familia es la célula originaria de la sociedad. «En la familia es donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pacífica. En la familia es donde se aprende la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las reglas, el perdón y la acogida del otro»[1].Ella es la primera escuela donde se recibe educación para la justicia y la paz.

Vivimos en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven constantemente amenazadas y, a veces, destrozadas. Unas condiciones de trabajo a menudo poco conciliables con las responsabilidades familiares, la preocupación por el futuro, los ritmos de vida frenéticos, la emigración en busca de un sustento adecuado, cuando no de la simple supervivencia, acaban por hacer difícil la posibilidad de asegurar a los hijos uno de los bienes más preciosos: la presencia de los padres; una presencia que les permita cada vez más compartir el camino con ellos, para poder transmitirles esa experiencia y cúmulo de certezas que se adquieren con los años, y que sólo se pueden comunicar pasando juntos el tiempo. Deseo decir a los padres que no se desanimen. Que exhorten con el ejemplo de su vida a los hijos a que pongan la esperanza ante todo en Dios, el único del que mana justicia y paz auténtica.

Quisiera dirigirme también a los responsables de las instituciones dedicadas a la educación: que vigilen con gran sentido de responsabilidad para que se respete y valore en toda circunstancia la dignidad de cada persona. Que se preocupen de que cada joven pueda descubrir la propia vocación, acompañándolo mientras hace fructificar los dones que el Señor le ha concedido. Que aseguren a las familias que sus hijos puedan tener un camino formativo que no contraste con su conciencia y principios religiosos.

Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo transcendente; lugar de diálogo, de cohesión y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los hermanos. Que enseñe a gustar la alegría que brota de vivir día a día la caridad y la compasión por el prójimo, y de participar activamente en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.

Me dirijo también a los responsables políticos, pidiéndoles que ayuden concretamente a las familias e instituciones educativas a ejercer su derecho deber de educar. Nunca debe faltar una ayuda adecuada a la maternidad y a la paternidad. Que se esfuercen para que a nadie se le niegue el derecho a la instrucción y las familias puedan elegir libremente las estructuras educativas que consideren más idóneas para el bien de sus hijos. Que trabajen para favorecer el reagrupamiento de las familias divididas por la necesidad de encontrar medios de subsistencia. Ofrezcan a los jóvenes una imagen límpida de la política, como verdadero servicio al bien de todos.

No puedo dejar de hacer un llamamiento, además, al mundo de los medios, para que den su aportación educativa. En la sociedad actual, los medios de comunicación de masa tienen un papel particular: no sólo informan, sino que también forman el espíritu de sus destinatarios y, por tanto, pueden dar una aportación notable a la educación de los jóvenes. Es importante tener presente que los lazos entre educación y comunicación son muy estrechos: en efecto, la educación se produce mediante la comunicación, que influye positiva o negativamente en la formación de la persona.

También los jóvenes han de tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno. Les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz.

Educar en la verdad y en la libertad

3. San Agustín se preguntaba: «Quid enim fortius desiderat anima quam veritatem? – ¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad?»[2]. El rostro humano de una sociedad depende mucho de la contribución de la educación a mantener viva esa cuestión insoslayable. En efecto, la educación persigue la formación integral de la persona, incluida la dimensión moral y espiritual del ser, con vistas a su fin último y al bien de la sociedad de la que es miembro. Por eso, para educar en la verdad es necesario saber sobre todo quién es la persona humana, conocer su naturaleza. Contemplando la realidad que lo rodea, el salmista reflexiona: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que de él te cuides?» (Sal 8,4-5). Ésta es la cuestión fundamental que hay que plantearse: ¿Quién es el hombre? El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una sed de verdad –no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida– porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Así pues, reconocer con gratitud la vida como un don inestimable lleva a descubrir la propia dignidad profunda y la inviolabilidad de toda persona. Por eso, la primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad. Nunca podemos olvidar que «el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones»[3],incluida la trascendente, y que no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo.

Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad. Ésta no es la ausencia de vínculos o el dominio del libre albedrío, no es el absolutismo del yo. El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad. Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios. La auténtica libertad nunca se puede alcanzar alejándose de Él.

La libertad es un valor precioso, pero delicado; se la puede entender y usar mal. «En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común»[4].

Para ejercer su libertad, el hombre debe superar por tanto el horizonte del relativismo y conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal. En lo más íntimo de la conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz lo llama a amar, a hacer el bien y huir del mal, a asumir la responsabilidad del bien que ha hecho y del mal que ha cometido[5].Por eso, el ejercicio de la libertad está íntimamente relacionado con la ley moral natural, que tiene un carácter universal, expresa la dignidad de toda persona, sienta la base de sus derechos y deberes fundamentales, y, por tanto, en último análisis, de la convivencia justa y pacífica entre las personas.

El uso recto de la libertad es, pues, central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, aunque se distancie de la propia forma de ser y vivir. De esa actitud brotan los elementos sin los cuales la paz y la justicia se quedan en palabras sin contenido: la confianza recíproca, la capacidad de entablar un diálogo constructivo, la posibilidad del perdón, que tantas veces se quisiera obtener pero que cuesta conceder, la caridad recíproca, la compasión hacia los más débiles, así como la disponibilidad para el sacrificio.

Educar en la justicia

4. En nuestro mundo, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, más allá de las declaraciones de intenciones, está seriamente amenazo por la extendida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener, es importante no separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes. La justicia, en efecto, no es una simple convención humana, ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley positiva, sino por la identidad profunda del ser humano. La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor[6].

No podemos ignorar que ciertas corrientes de la cultura moderna, sostenida por principios económicos racionalistas e individualistas, han sustraído al concepto de justicia sus raíces transcendentes, separándolo de la caridad y la solidaridad: «La “ciudad del hombre” no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo»[7].

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados» (Mt5,6). Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios, consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación.

Educar en la paz

5. «La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad»[8].La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor.

Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», dice Jesús en el Sermón de la Montaña (Mt5,9).

La paz para todos nace de la justicia de cada uno y ninguno puede eludir este compromiso esencial de promover la justicia, según las propias competencias y responsabilidades. Invito de modo particular a los jóvenes, que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente.

Levantar los ojos a Dios

6. Ante el difícil desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz, podemos sentirnos tentados de preguntarnos como el salmista: «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?» (Sal 121,1).

Deseo decir con fuerza a todos, y particularmente a los jóvenes: «No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico [...], mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno.

Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?»[9]. El amor se complace en la verdad, es la fuerza que nos hace capaces de comprometernos con la verdad, la justicia, la paz, porque todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1 Co 13,1-13).

Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os dejéis vencer por el desánimo ante las dificultades y no os entreguéis a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivid con confianza vuestra juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentáis. Vivid con intensidad esta etapa de vuestra vida tan rica y llena de entusiasmo.

Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos. Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz.

A todos vosotros, hombres y mujeres preocupados por la causa de la paz. La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacíficas y artífices de paz. Consciente de todo ello, os envío estas reflexiones y os dirijo un llamamiento: unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para «educar a los jóvenes en la justicia y la paz».

Vaticano, 8 de diciembre de 2011

BENEDICTUS PP XVI












Notas

[1] Discurso a los Administradores de la Región del Lacio, del Ayuntamiento y de la Provincia de Roma, (14 enero 2011), L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (23 enero 2011), 3.

[2] Comentario al Evangelio de S. Juan, 26,5.

[3] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 11: AAS 101 (2009), 648; cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 14: AAS 59 (1967), 264.


[5] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 16.

[6]Cf. Discurso en el Bundestag (Berlín, 22 septiembre 2011): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (25 septiembre 2011), 6-7.

[7] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 6: AAS 101 (2009), 644-645.


[9] Vigilia de oración con los jóvenes (Colonia, 20 agosto 2005): AAS 97 (2005), 885-886.

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